Articulaciones doloridas, calientes e hinchadas, rigidez de las articulaciones que generalmente empeora a la mañana y después de un tiempo de inactividad, fatiga, fiebre y pérdida de peso, son alarmas de artritis reumatoide.

Los signos y síntomas de la artritis reumatoide pueden variar en gravedad y también pueden aparecer y desaparecer.

Esta enfermedad es un trastorno inflamatorio crónico que puede afectar no solo las articulaciones. A diferencia del desgate que provoca la artrosis, la artritis reumatoide afecta el revestimiento de las articulaciones, lo que produce una hinchazón dolorosa que, finalmente, puede causar erosión ósea y deformidad de la articulación.

La inflamación asociada a la artritis reumatoide es lo que puede dañar también otras partes del cuerpo. Si bien los tipos nuevos de medicamentos han mejorado considerablemente las opciones terapéuticas, la artritis reumatoide grave puede seguir causando discapacidades físicas.

Si no hay tratamiento, lo habitual es que siga un proceso progresivo de deformación e invalidación del paciente en distintos grados. No se ha encontrado la solución definitiva para curar la enfermedad, pero la medicina actual ha conseguido, en la mayoría de los casos, controlarla y conseguir estabilizar el dolor y la rigidez articular lo que se traduce en una mejora de la calidad de vida de los enfermos.

Hay varios que son fácilmente identificables. Por ejemplo, levantarse de la cama con rigidez en las articulaciones y que éstas aparezcan con frecuencia hinchadas, sufrir dolor, tener problemas de movilidad y tener fiebre muy a menudo son síntomas claros de la artritis. Aunque la artritis reumatoide todavía esta considerada como minoritaria, por ejemplo se calcula que en España más de 200.000 personas la padecen. Dos de cada tres afectados son mujeres de entre 30 y 50 años.