Estudios aseguran que una siesta algo más larga puede tener mayores beneficios: científicos de la NASA en los años noventa comprobaron que una siesta -ellos lo llaman power nap- de unos 30 minutos mejoraba un 30% el rendimiento y un 100% la capacidad de atención de los astronautas. Posteriormente otro estudio de la agencia espacial reduce el tiempo óptimo a 25,8 minutos.

Otros estudios alargan el plazo hasta los cuarenta minutos con similares efectos de mejora en la salud en general. Incluso estudios recientes aseguran que una siesta que oscile entre los cincuenta y los sesenta minutos puede multiplicar por cinco la capacidad de retención memorística. En resumen, el margen para la siesta saludable oscila entre los diez minutos aproximadamente y la hora. Más allá, al parecer no es saludable, al menos por hábito o por los beneficios como:

  • Reduce el estrés
  • Compensa la falta de sueño nocturno
  • Reduce la tensión arterial
  • Potencia la memoria
  • Estimula la creatividad
  • Aumenta la productividad
  • Mejora los reflejos y la sensación de estar más despiertos
  • Pone de buen humor

De 10 a 20 minutos: suele ser la duración recomendada. Es la ideal para generar un impulso en la energía y afrontar el resto del día. 60 minutos: esta siesta es buena para la memoria, sobre todo para recordar hechos, caras o nombres. Lo malo es que sueles despertar desorientado. 90 minutos: esta duración implica un ciclo de sueño completo. Es buena para la memoria emocional o procedimental, como aprender a montar en bici o tocar el piano. Además, es más fácil despertar de ella. Así lo revela un artículo del Wall Street Journal, recogido por el portal Gizmodo, revela los beneficios de la siesta en función de su duración.

Por eso es necesario tener en cuenta la razón por la que se desea tomar la siesta y según eso escoger el tiempo.