“Me pusieron dos vacunas (inyección) de una me salió algo como plomito y en la otra sangre”. ¿Quiénes le sacaron la sangre? “Dos señoras de la refinería”. ¿Desde que le sacaron la sangre, fueron a visitarle a la casa? “No”. ¿Le han dado medicamentos? “Tampoco”. ¿Le comentó a su mami? “Sí le dije, pero me preguntó si me habían dado medicamento”. ¿Fue al único estudiante que le sacaron sangre? “A otros también…”
Ese el relato a Diario La Hora de un estudiante de octavo año de la unidad educativa ‘15 de Marzo’ donde se educan 1.384 estudiantes, que está ubicada aleñada a la refinería, testimonio al que se suma una alumna de noveno.

“Vinieron unos médicos, me sacaron sangre del brazo derecho y me determinaron que tenía plomo. Después llegaron unos señores a mi casa (cerca de la unidad educativa) revisaron a toda familia y detectaron que tenía plomo, a mí y a mi abuela, porque presentaba una raya negra en la dentadura.

¿Han recibido medicamentos? “No”. ¿En qué sitio le sacaron la sangre? “En la Unidad Educativa”. ¿En qué año estaba? “En séptimo, ahora en noveno”. ¿En la actualidad, cuando percibe los olores fuertes que expulsa la refinería, sufre algún dolor?  “No”, así detalló la alumna.
Muy cerca de ellos estaban las profesoras que completaron el relato. Clarisa Hurtado, durante sus 24 años en el sector educativo, afirma que nunca le han hecho ese tipo de análisis, más bien -asegura- que en los chequeos se enfocan en los alumnos y en analizar la contaminación en el ambiente, pero no en los docentes.
“En una ocasión le sacaron sangre a 25 estudiantes y todos tenían plomo en la sangre”, revela visiblemente preocupada, porque asume que también es portadora del elemento químico que no ayuda en la salud humana.
Sus compañeros Jorge Quiñónez y Yenecia Caicedo, recuerdan que hace dos semanas los de la refinería dejaron una máquina durante 24 horas para determinar qué tan contaminado estaba el aire del entorno, pero se desconocen los resultados.

Fétidos olores

“No es la primera vez que dejan esa maquinita”, coinciden, tras criticar con amargura la convivencia diaria con los olores que describen como de alcantarilla colapsada, los que por coincidencia, cuando dejan la “maquinita”, desaparecen del ambiente; pese a la problemática, nunca han dispuesto evacuar a los educandos.
Donde sí se tomó la decisión de evacuar en dos ocasiones la semana anterior, fue en la unidad educativa ‘Luis Tello’, ubicada más cerca de la refinería.
“La contaminación es de todos los días. Los gases tóxicos afectan a docentes, estudiantes y a todo el entorno”, precisa Teófilo Cotera Patiño, vicerrector de la unidad educativa, que cuenta con 1.400 estudiantes desde los 6 años.
Está convencido que Petroecuador debería compensarlos con brigadas médicas y en infraestructura por la afectación ambiental de más de 20 años que tiene la institución de técnicos que son parte de la mano de obra de la refinería.

Efectos a la salud

“Tenemos estudiantes que se desmayan, profesores con diabetes y otras enfermedades. Hace dos o tres años estudiantes universitarios no esmeraldeños dejaron durante un año un equipo para medir el nivel de contaminación ambiental, cada mes venían a revisar los resultados. Yo no sé qué resultaros se obtuvieron”, comenta la autoridad educativa.
Su compañera de educación, Virginia Mosquera, con 15 años en el ‘Luis Tello’, asegura que cuando llegan los olores fuertes desde la refinería se la baja la voz, al punto de literalmente perderla.
“La semana anterior salí hasta con dolor de cabeza. Yo tengo faringitis crónica, no sé si será de la refinería, pero sus olores me afectan”, comentó la profesora, quien dice tener fuerza para su labor, debido a que la opción de jubilarse por su dolencia la ve como algo lejano “porque para tener una jubilación por enfermedad, uno tiene que estar muriendo”.

‘Los olores de la refinería son normales’

Para Fernando Benalcázar, subgerente de Seguridad, Salud y Ambiente de Petroecuador, los olores sulfuros provenientes del azufre que se expulsan al ambiente desde la refinería, son normales, debido a que es una empresa que refina el petróleo que contiene ese tipo de químicos.
“La refinería no admite que emite gases contaminantes permanentemente a la comunidad”, lo dijo categóricamente y se apoya en el análisis independiente del IRD, en el que se precisará las empresas que contaminan Esmeraldas. El IDR es el Instituto de Investigación para el Desarrollo de Francia (por sus siglas IRD).
Ellos, a través de la investigadora Laurence Maurice, y un proyecto multidisciplinario que evalúa la contaminación del ambiente y estudia los efectos de las actividades petroleras sobre el medio ambiente, analizan la situación.
Además, el programa Monoil cuenta con la participación de investigadores expertos en diversos campos (ciencias del medio ambiente, química, toxicología, epidemiología social, pedología, geología, ciencias políticas, economía y la geografía) proviniendo de diferentes laboratorios de investigación de Francia y Ecuador.

Fuente: La Hora